• Salvador Iván Mejorada Medel

La oportunidad de ampliar la narrativa - comunicación compasiva en el mes del orgullo



"No podemos ser realmente compasivos si no renunciamos a nuestra historia"


Esta frase de Marshall Rosenberg, creador de la comunicación no violenta o compasiva, puede parecer desconcertante de inicio, pero tiene un sentido muy bonito si lo pensamos a profundidad. Cuando empezamos a tratar de comunicarnos solemos partir de un juicio o evaluaciones, los cuales están vinculados al sistema de dominación en el que hemos vivido y reproducido. Entonces quedamos atrapados en esos juicios reduciendo a las personas y situaciones a versiones mínimas de ellos.


Estas versiones mínimas pueden recordarnos a lo que Chimananda Ngozi Adichie denomina “la historia única”’ en su charla y libro “Los peligros de la historia única”, donde habla sobre cómo tendemos a construir una historia a partir de nuestros prejuicios (las historias que escuchamos y que interiorizamos). Y no solo eso, sino de cómo tendemos a reproducirlas historias que reproducen los sistemas dominantes borrando así incluso la nuestra, la de nuestros seres queridos llegando hasta la historia de nuestra comunidad entera.


Ser compasivo es ampliar el contexto


Tanto Chimananda como Marshall puntualizan el tema de la historia dominante y nos invitan a hacer una reflexión al respecto e incluso este último en el marco de la comunicación no violenta nos ofrece una solución para ello: separar lo que observamos de nuestras evaluaciones y juicios moralistas.


Si entendemos que nuestros juicios están cargados de nuestras historias dominantes, distinguir lo que observamos nos permite conectar con algo más cercano a la realidad, nos permite observar el contexto y en ese contexto ampliar la historia del otro, lo que nos permite entender al otro como un ser complejo, un ser que tienen una historia rica, variada y llena de circunstancias.


De esta manera, cuando logro salir del dominio de mis juicios moralistas y evaluaciones, también puedo ser compasivo conmigo mismo y empezar a reconocer y validar mis sentimientos y con ellos mis necesidades físicas y emocionales y es ahí en donde se gesta la compasión compartida y en consecuencia la comunicación compasiva.


“El escuchar es fundamental en cualquier circunstancia relacional entre personas. Para eso se requiere una actitud sin prejuicios ni expectativas que nosotros llamamos `soltar las certidumbres`. Si uno está centrado en lo que uno sabe interfiere en la relación del escucharse recíprocamente, por eso hay que soltar la certidumbre para encontrarse con el otro sin supuestos ni expectativas ni prejuicios”, Humberto Maturana.



Ser compasivo tiene dos vías


Ser compasivo es un camino de dos vías, es al mismo tiempo estrategia y consecuencia, entender al otro como un otro completo y complejo, nos ayuda a entendernos a nosotros en ese mismo sentido, renunciar a nuestra historia dominante y ampliarla en reconocimientos personales, dándole valor no solo a lo que me han dicho que puede tener valor sino a todo aquello que está ausente, pero implícito, nuestras vulnerabilidades, nuestros deseos y todo lo que está vivo en nosotros. Esta renuncia es en realidad una ampliación, ampliamos nuestra historia y con ello en consecuencia empezamos a volvernos capaces de ampliar las de los demás.


“Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han utilizado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla”, Chimananda Ngozi Adichie.


Compasión en el mes del orgullo


Las historias importan, ser compasivo es en cierta forma ampliar nuestra historia y ampliar las de los demás. En este mes se celebran las diversidades, pero sobre todo se conmemoran las luchas por visibilizar esas mismas diversidades y es una excelente oportunidad para ampliar nuestras historias, para renunciar a la historia dominante y ampliar nuestro entendido de quiénes somos y de quiénes son esos otros en esa historia ampliada y corregida.


Es un mes en el que todos los humanos podemos aprender de compasión porque todos tenemos siempre de una forma o de otra la oportunidad de entender a esos otros (cualquier otro), desde sus historias ampliadas y contextualizadas y con este acto reconocer que amor es amor, amor que es compasivo y que reconoce al otro como un otro en integridad y dignidad.


“La empatía reside en la habilidad de estar presente sin opinión”, Marshall Rosenberg.


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